24 jul. 2015

Un refugio en Katmandú. Ángeles Ibirica


Autor: Ángeles Ibirika

Editorial: Planeta

Año publicación: 2015

Género: Narrativa

ISBN: 978-8408141969





Matthew jamás pensó que su exitosa carrera como jugador de béisbol se truncaría por decisión propia; que desaparecería de la faz de la tierra para embarcarse en una peligrosa aventura en el desconocido Nepal; que en la milenaria ciudad de Katmandú, entre tradiciones que ni entendería ni compartiría, encontraría el amor de su vida; que su plan inicial acabaría en desastre y se vería obligado a trazar un desesperado plan B, ni que con el paso del tiempo llegaría a creer que aquello no saldría bien. Sin embargo, siempre supo que llegaría hasta el final arriesgando su libertad, y hasta su vida, si era necesario, para conseguirlo. Pero en la vida, más aún en el país de un millón de dioses, todo ocurre en los momentos más inesperados y por las razones más insospechadas.


Empiezo comentando la portada, no se puede negar que llama la atención, esa lluvia de colores que alcanza a la gente, sus ropas, es preciosa, me hizo preguntar que motivo los llevaría a mezclarse con esos colores tan vivos y alegres. Entre sus páginas obtuve la respuesta.
Todos los libros de esta autora que he leído (Antes y después de odiarte, Entre sueños, Donde siempre es otoño) han sido una experiencia maravillosa para mi, logra que los sentimientos, positivos o negativos atraviesen el papel, los sientas en primera mano, estaréis de acuerdo en que no es fácil que esto ocurra. Con "Un refugio en Katmandú" no logré del todo esa conexión. Influyó que yo buscase una parte romántica y esta no hiciese aparición, al menos no con la intensidad que esperaba. Ya sé que Ángeles no escribe romántica, pero en todos sus libros anteriores si juega un papel importante el amor y en este no, o al menos yo no supe apreciarlo. Puede ser que otros lectores disfrutaran de esa parte de la historia y que simplemente mi percepción del libro se viera influenciada por esa búsqueda que finalmente no encontré.
Empezamos esta historia con muchos interrogantes, ¿quien es Matthew? y ¿qué hace en Katmandú? Vamos leyendo a ciegas sin tener claro hacia donde nos lleva, necesitando tener más datos, obtener respuestas y en su lugar, simplemente acumulas más y más dudas. 
Uno de los puntos positivos de este libro es el poder de las letras, que te transportan sin mayor esfuerzo a las calles de Katmandú, te envuelven con la esencia de algo antiguo, como si realmente el tiempo allí no se midiera del mismo modo. Resulta casi utópico imaginar que convivan en equilibrio distintas creencias y culturas, que entre la pobreza del lugar exista una armónica belleza, impensable para una mente occidental. Me chocó descubrir ciertos aspectos, como las castas a las que cada individuo pertenece y que prácticamente deciden tu lugar en esa sociedad, igual que me chocaron muchas de las costumbres que desamparan a los mas desfavorecidos, como por ejemplo; las viudas, a las que se culpa de la mala suerte de sus maridos.
Hubo un punto en esta historia en que la falta de respuestas empezó a pesarme, ralentizó mi ritmo de lectura, me desesperaba no saber. Justo cuando obtienes las respuestas a todas las preguntas, todo se precipita para llegar a un final abierto, en el que la mente de cada lector les llevará hacia donde decidan ir. Aquí si que encontré ese sentimiento de amar a otro ser por encima de todo, pero fue demasiado tarde para compensar la espera.
Reconozco que no me gustan los finales tan abiertos a la interpretación de cada uno y que con otro final yo hubiese quedado mucho más satisfecha, claro que no puede llover a gustó de todos y no digo que el final sea malo, solo que no es lo que esperaba.



4 comentarios:

  1. Me lo han recomendado mucho, quizás le de una oportunidad, besos

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  2. Hola!!! Por ahora no me leo tu reseña por si acaso, estoy con él ahora mismo y no quiero hacerme mucha idea de lo que me voy a encontrar jajaj
    Me quedo con ese 8/10!!!!
    Un besote

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  3. Este libro no me llama la atencion asi que lo dejo pasar.

    Saludos

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  4. Lo dejó pues, para una de esas tardes de invierno en las que el cuerpo no me pida leer romántica.
    Bicos!

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