Autor: Elena Garquin
Publicado por Pamies
Año publicación: 2014
Género: Erótica histórica
ISBN: 978-84-154-3393-4
El Sáhara, 1890. Cuando Beatriz Ayala vuelve en sí, después de estar a punto de morir en el desierto, tiene una sola idea en la cabeza: regresar a su hogar en España, del que fue brutalmente arrancada para ser vendida como esclava. Nada ni nadie va a impedírselo. Ni siquiera Tahir Abdul-Azim, el poderoso líder tuareg que la ha salvado de las garras de la muerte, tan atractivo e imponente que despierta en ella un fulgurante deseo imposible de dominar. Pero él no parece opinar lo mismo. Tahir vive para su pueblo, y está dispuesto a cualquier sacrificio por él. Sobre todo si ese sacrificio incluye hacerse cargo de una hermosa y testaruda mujer por la que se siente irremediablemente atraído. Consciente de que pertenecen a mundos totalmente opuestos, pero dispuesto a vencer su carácter obstinado para convertirse en el amo de toda su pasión, la acepta como huésped. Iniciarán así una aventura, en un paraje asolado por las luchas internas de poder y los efectos devastadores de la colonización, donde Beatriz será capaz de sortear toda clase de peligros, excepto uno: resistirse al oscuro embrujo del hombre que la protegerá con su vida, irrumpiendo con fuerza en su corazón.
Nunca he sabido la distinción o la frontera real de algunas novelas denominadas románticas de otras consideradas eróticas. ¿Las escenas de sexo más explícitas? ¿La pasión que destilan esas escenas? No lo sé, en realidad, y tampoco me importa. Ya he leído varias novelas llamadas “eróticas” que no dejaban de ser escena de sexo tras escena de sexo y que terminan aburriéndote de puro cansino o de no tener ni un mínimo argumento que una las sucesivas escenas de cama. No es este caso ni mucho menos… Las escenas en este caso están muy bien llevadas (tal vez la primera puede pecar de un pelín lenta, pero es un tal vez muy pequeñito) y son de las de “¡¡¡Uauuuuuuu, madre de Dios!!!” Ese dátil… Mejor no pensar en el dátil…
Pero bueno, que me voy por los dátiles… perdón, por los Cerros de Úbeda, o mejor dicho por los oasis del Sáhara, que esta novela no va de escarceos de cama. Va de la relación de amor entre dos personas de culturas bien diferenciadas: un targuí y una española a finales del siglo XIX. Un amor que tiene que lidiar con dos voluntades muy poderosas, dos formas de vivir, de pensar, y que no están muy dispuestas a dejarse convencer… al menos en un primer momento. En pocas palabras, dos trenes a toda velocidad en sentidos opuestos por la misma vía, soltando chispas y diálogos impagables. Beatriz Ayala es un personaje al que cuesta cogerle cariño en un primer momento: Demasiado orgullosa, con ese orgullo que hace que se comporte de una manera irracional y estúpida, muy temperamental, llena de perjuicios (muy justificados dado cómo es su llegada a África pero que luego hacen que su comportamiento sea inexcusable, como en el caso de las “lindezas” que le dedica a Tahir). Y llena de incoherencias, como por ejemplo, lo que suelta por esa boquita:
“- ¡Odio que seas tan atento y sensible! ¡Detesto que seas tan atractivo y sensual!- prosiguió ignorando su ironía-. ¡Hubiera preferido que te comportaras como un monstruo! ¡No soporto que no pueda renegar de tu compañía, que incluso llegue a añorarte cuando no estás! En dos palabras: ¡te aborrezco!
A continuación, se precipitó a sus brazos y buscó el seguro refugio de su boca con todo el ansia que fue capaz.”
¿Veis a lo que me refiero? No me extraña que el pobre hombre se descolocara si te sueltan eso y se abalanzan encima tuya a besarte… Paciencia no, desconcierto a raudales debía tener.
Sin embargo, Beatriz no es rencorosa ni vengativa. No es de las que se enroque en una postura y sabe reconocer cuando se ha equivocado o que las cosas no son como ella piensa que deberían ser (generalmente después de un periodo de reflexión obligado gracias a Tahir). No se le caen los anillos si tiene que pedir perdón, disculparse o perdonar a otros, y eso es lo que hace que te encariñes irremediablemente de ella.
Tahir también es un personaje que comete sus equivocaciones, intenta imponer su criterio tal vez de la forma equivocada, pero es honesto, sabe escuchar, y como Beatriz, sabe disculparse al reconocer su error y perdonar.
Los miembros de la tribu tuareg también son una pequeña maravilla: Gulnar, Raissa, Al-Faisal, Obeid, Nasirah…
Mmmm, sí, creo que la metería en la categoría de “Me ha encantado”.


