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3 nov 2015

La misión del Samurai. Arman Lourenço Trindade


Autor: Arman Lourenço Trindade 

Tempus Fugit Ediciones 

Año publicación: 2015 

Género: Paranormal 

EBook: 3,99€




Irene ha terminado su carrera universitaria, después de años y luchas por llegar a ser alguien, por fin puede ser dueña de su destino, pero en el viaje de fin de curso, la tragedia se cierne sobre ella y sus compañeros. En busca de ayuda, en un lugar casi deshabitado, Irene encuentra a Asahi, un feroz guerrero samurai, que presta sus servicios a su amada diosa. Lo que Irene no sabe, es que su llegada forma parte de una profecía, que solo se verá cumplida gracias a ella, y por ese mismo motivo, Asahi tiene una misión, protegerla y cuidarla con su propia vida. Algo a lo que ella no cederá con facilidad. ¿Asumirá Irene su papel de elegida? ¿Cederá el control de su vida a un ser sobrenatural? ¿Podrá resistirse al encanto de una sonrisa? 



Lo primero que me viene a la cabeza al ver este libro es lo poco acertado del logotipo de la editorial y de las letras del título.  Y bueno,  tampoco  es  que  la  parejita  de  la  portada sea para tirar cohetes... Viendo otras novelas de la misma autora  y  editorial  casi les  recomiendo  que  cambien  la persona que se las hace... o que le den otras ideas. 
Lo  segundo  es  que  la  autora  no  parece  excesivamente puesta en cultura japonesa. Y no me refiero sólo al hecho de  que confunda  a  un  samurai  con  un  shinobi  (o  ninja, como alguno prefiere llamarle),  que es en realidad lo que es  Asahi  (ya  de  por si  cantoso  y  pelín  grave)  sino  por ciertos detallitos que revelan (o intentan relevar) la cultura nipona. 
Corriendo un tupido velo (y aceptando barco como animal acuático),  vamos  a  la  novela  en  sí.  Tenemos  a  Irene,  una españolita que ha ido a Japón de viaje fin de carrera y que es  la única  superviviente  de  un  accidente  de  autobús  en medio  de las  montañas  niponas.  Después  del  porrazo,  la impresión,  el agobio,  y  el  esfuerzo  de  tener  que  subir  un barranco y caminar día y pico hasta encontrar un lugar con gente  a  la  que  avisar,  se encuentra  retenida  contra  su voluntad  en  un poblado...  ninja (repito, no  son  samuráis) con  la  excusa  de  que  es  la  elegida por  Amaterasu  para volver  a  su  mundo.  Y  la  verdad  es  que Irene  no  es precisamente  la  rehén  modelo:  Es  descreída, contestona, terca  como  una  mula,  y  con  modales  de  niña mimada  a ratos.  A  Asahi  lo  saca  de  quicio  en  más  ocasiones de  las que quiere recordar, ya que se mete en problemas cada dos por tres y es torpe a más no poder. Sin embargo, ese carácter,  a veces  caótico,  te  hace  sonreír  y  dar  una  carcajada más  de  una vez,  la  vuelve  mucho  más  cercana.  Y  a  lo largo  de  la  novela te  das  cuenta  de  que  realmente  es  una persona  con  la  cabeza perfectamente  amueblada,  con  una sensatez  e  instinto  increíbles que  la  salvarán  más  de  una vez de una catástrofe. Terminas dándote cuenta de que en realidad  los  tiene  muy  bien  puestos,  y que  la  lealtad  hay que  ganársela,  no  regalarla.  La  cría morriñosa  y  torpona del  inicio  se  termina  convirtiendo  en  una mujer  con  un corazón  más  que  generoso,  una  fuerza  y  una voluntad  de acero  forjado,  sin  perder  ni  un  ápice  de  su irreverencia  a las   diversas   divinidades   que   aparecen.   Y   no   es   que madure,   como   le   puede   pasar   a   otras   protagonistas. Simplemente es que la vida que ha llevado le ha hecho ser bastante cínica con respecto a ciertas cosas, y su forma de afrontarlas no está desvirtuada por sentimientos religiosos. No  es  perfecta,  pero  sí lo bastante  inteligente  para  darse cuenta de que algo no cuadra.
Asahi es el jefe de  ese pueblecito perdido en medio de la nada nipona.  Hijo  de  un  japonés  y  una  española,  es  el  único  que habla  con  Irene, básicamente  porque  ella  parece que ni sabe hablar en inglés, ni se molesta inicialmente en aprender  otro idioma  (luego  ya  se  ve  que  algo  cambia). También influye el hecho de que la  mocita no se  molesta en  confraternizar  con  el resto  del  personal,  con  lo  que  le toca  a  él  lidiar  con  su  mala leche,  humor  y  desplantes. Educado desde su infancia a venerar y servir a la diosa, no se  plantea  nada  más,  hasta  el  punto  de renegar  de  los sentimientos que le despierta Irene. Y esa lealtad ciega que domina su vida se verá más que seriamente amenazada por una muchacha que le demuestra que no es oro todo lo que reluce.  Decir  que  vuelve  su  mundo  del  revés  es  quedarse corto.
Junto  a  estos  personajes  nos  encontramos  a  Dragos,  un dragón sometido  a  Amaterasu;  Kenshin,  un  niño  shinobi que vive en la aldea y con el que Irene hace buenas migas y  que  le  enseña  algo de  japonés  mientras  ella  le  enseña castellano;  Takeshi,  otro  de los  guerreros,  con  un  papel determinante  en  la  historia.  Eso además  de  Amaterasu  y Susanowo...
En resumen, una historia que te va atrapando poco a poco, con momentos  antológicos,  una  protagonista  que  se  va ganando tu corazón a medida que avanza la historia, unos dioses    que    se   muestras    cómo    son    (caprichosos principalmente)  y un final que no deja de sorprender. Sin Embargo, sólo una cosita en contra: Está muy bien escrita, pero ojo con unos cuantos laísmos que se han colado ;)