Autor: Arman Lourenço Trindade
Tempus Fugit Ediciones
Año publicación: 2015
Género: Paranormal
EBook: 3,99€
Irene ha terminado su carrera universitaria, después de años y luchas por llegar a ser alguien, por fin puede ser dueña de su destino, pero en el viaje de fin de curso, la tragedia se cierne sobre ella y sus compañeros. En busca de ayuda, en un lugar casi deshabitado, Irene encuentra a Asahi, un feroz guerrero samurai, que presta sus servicios a su amada diosa. Lo que Irene no sabe, es que su llegada forma parte de una profecía, que solo se verá cumplida gracias a ella, y por ese mismo motivo, Asahi tiene una misión, protegerla y cuidarla con su propia vida. Algo a lo que ella no cederá con facilidad. ¿Asumirá Irene su papel de elegida? ¿Cederá el control de su vida a un ser sobrenatural? ¿Podrá resistirse al encanto de una sonrisa?
Lo primero que me viene a la cabeza al ver este libro es lo poco acertado del logotipo de la editorial y de las letras del título. Y bueno, tampoco es que la parejita de la portada sea para tirar cohetes... Viendo otras novelas de la misma autora y editorial casi les recomiendo que cambien la persona que se las hace... o que le den otras ideas.
Lo segundo es que la autora no parece excesivamente puesta en cultura japonesa. Y no me refiero sólo al hecho de que confunda a un samurai con un shinobi (o ninja, como alguno prefiere llamarle), que es en realidad lo que es Asahi (ya de por si cantoso y pelín grave) sino por ciertos detallitos que revelan (o intentan relevar) la cultura nipona.
Corriendo un tupido velo (y aceptando barco como animal acuático), vamos a la novela en sí. Tenemos a Irene, una españolita que ha ido a Japón de viaje fin de carrera y que es la única superviviente de un accidente de autobús en medio de las montañas niponas. Después del porrazo, la impresión, el agobio, y el esfuerzo de tener que subir un barranco y caminar día y pico hasta encontrar un lugar con gente a la que avisar, se encuentra retenida contra su voluntad en un poblado... ninja (repito, no son samuráis) con la excusa de que es la elegida por Amaterasu para volver a su mundo. Y la verdad es que Irene no es precisamente la rehén modelo: Es descreída, contestona, terca como una mula, y con modales de niña mimada a ratos. A Asahi lo saca de quicio en más ocasiones de las que quiere recordar, ya que se mete en problemas cada dos por tres y es torpe a más no poder. Sin embargo, ese carácter, a veces caótico, te hace sonreír y dar una carcajada más de una vez, la vuelve mucho más cercana. Y a lo largo de la novela te das cuenta de que realmente es una persona con la cabeza perfectamente amueblada, con una sensatez e instinto increíbles que la salvarán más de una vez de una catástrofe. Terminas dándote cuenta de que en realidad los tiene muy bien puestos, y que la lealtad hay que ganársela, no regalarla. La cría morriñosa y torpona del inicio se termina convirtiendo en una mujer con un corazón más que generoso, una fuerza y una voluntad de acero forjado, sin perder ni un ápice de su irreverencia a las diversas divinidades que aparecen. Y no es que madure, como le puede pasar a otras protagonistas. Simplemente es que la vida que ha llevado le ha hecho ser bastante cínica con respecto a ciertas cosas, y su forma de afrontarlas no está desvirtuada por sentimientos religiosos. No es perfecta, pero sí lo bastante inteligente para darse cuenta de que algo no cuadra.
Asahi es el jefe de ese pueblecito perdido en medio de la nada nipona. Hijo de un japonés y una española, es el único que habla con Irene, básicamente porque ella parece que ni sabe hablar en inglés, ni se molesta inicialmente en aprender otro idioma (luego ya se ve que algo cambia). También influye el hecho de que la mocita no se molesta en confraternizar con el resto del personal, con lo que le toca a él lidiar con su mala leche, humor y desplantes. Educado desde su infancia a venerar y servir a la diosa, no se plantea nada más, hasta el punto de renegar de los sentimientos que le despierta Irene. Y esa lealtad ciega que domina su vida se verá más que seriamente amenazada por una muchacha que le demuestra que no es oro todo lo que reluce. Decir que vuelve su mundo del revés es quedarse corto.
Junto a estos personajes nos encontramos a Dragos, un dragón sometido a Amaterasu; Kenshin, un niño shinobi que vive en la aldea y con el que Irene hace buenas migas y que le enseña algo de japonés mientras ella le enseña castellano; Takeshi, otro de los guerreros, con un papel determinante en la historia. Eso además de Amaterasu y Susanowo...
En resumen, una historia que te va atrapando poco a poco, con momentos antológicos, una protagonista que se va ganando tu corazón a medida que avanza la historia, unos dioses que se muestras cómo son (caprichosos principalmente) y un final que no deja de sorprender. Sin Embargo, sólo una cosita en contra: Está muy bien escrita, pero ojo con unos cuantos laísmos que se han colado ;)


